domingo, 25 de noviembre de 2012


Un viaje desde Quito hasta la estratósfera

Un viaje desde  Quito hasta  la estratósfera. Las botellas  serán enviadas con una cuerda o hilo y un globo de helio.
El sueño de viajar al espacio ya no es una simple ilusión. Los niños pueden cumplir su deseo y capturar fotografías de la curvatura espacial a través de satélites elaborados por ellos mismos. Para lograrlo, el Centro de Arte Contemporáneo puso en marcha un taller aeroespacial para niños de 8 a 12 años, en el que no solo se construyen prototipos de satélites sino que se promueve el aprendizaje de la ciencia como una materia dinámica. José Toral, artista y tallerista, quiere estimular los proyectos de educación comunitaria en Quito y romper con la idea de que la ciencia es aburrida y que en este campo académico solo los ‘pilas’ participan.

El arte sirve como una herramienta para replantear estas percepciones y generar discursos diferentes; la tecnología y el arte convergen para viajar desde Quito a la estratósfera. ¿Cómo conseguirlo? “A través de materiales reciclados (botellas PET, icopor, cartón y papel) para simular la fabricación de un satélite, y con cámaras de bolsillo de 12 megapíxeles de resolución”. Cuando el tallerista expone este mecanismo a los participantes Ximena Tana, Matías González, Martín Garzón, María Emilia Noboa y su hermana Isabel, ellos se emocionan y quieren trabajar enseguida.

Primero deben reconocer su noción espacial y ubicar el contexto en el que viven. Solo así se podrán lanzar satélites al espacio, dice Toral, para quien el taller además de ser divertido e incluir dinámicas de juego, es una oportunidad para que los pequeños entiendan los detalles y los procesos que implica un proyecto aeroespacial.
En medio de la exposición, Toral guía la viabilidad de cada prototipo y con la intervención de los demás pequeños se trata de conciliar la mejor idea. La primera forma de lanzar el satélite, según Matías, es insertar la cámara en la botella y hacerla volar hasta el espacio acompañada con un globo de helio. Como si la hazaña no fuera poca, Matías propone adecuar un GPS, un motor en la botella y un corcho que potencie la expulsión del satélite al espacio. “Yo tengo un motor de 10 voltios en mi casa”, añade el pequeño.

Toral comenta que podría ser viable, pero que el mecanismo puede tener un problema de resistencia porque el viento golpearía a la botella (el efecto de la gravedad). Además, hay que considerar la ubicación (horizontal o vertical) del satélite para lograr equilibrio. María Emilia, de 11 años, y su hermana Isabel, de 6, dicen que se podría hacer ‘huequitos’ para que encontrar el peso adecuado de la botella.
Mientras los pequeños no paran de hablar y comentar los mejores mecanismos para impulsar los satélites, Toral los interrumpe y les recuerda la regla del trabajo: “Paso por paso”. En seguida, los conduce hasta una computadora e ingresan a un emulador (Yellowtail), en el que puede simular la expansión del universo y sentir cómo podría ser el lanzamiento de los satélites, el 2 de diciembre, desde el Centro de Arte.



1 comentario:

  1. Me parece muy buena idea que promuevan el interés en los niños y que poco a poco les ayuden a razonar y ver mas allá de las cosas. La inteligencia de un niño hay que saber explotarla en el momento mas adecuado y mediante el juego que son maneras muy didácticas con las cuales aprenden mejor.

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